El Significado de la Pascua

Del hebreo Pessach, la pascua significa el pasaje de la esclavitud del pueblo hebreo a la
libertad (cuando salieron de Egipto, liderados por Moisés). Ese evento se
celebra la luna llena de Aries en el calendario astrológico (que fue el pasado
6 de Abril 2012). Esencialmente es considerada una celebración de liberación y
es una de las fiestas móviles que sigue a la cuaresma dentro de nuestro
calendario.

El relato de la Torah es una alegoría que nos invita a interpretarla en su sentido más profundo. Podemos preguntarnos, hoy, aquí y ahora: ¿De qué somos prisioneros? Y pensá en todo, pensá en todas esos
objetos y situaciones a las que te “acomodaste” y al mismo tiempo de
darte confort, son tus prisiones. Hay un alma, un impulso vital interior, o
como quieras llamarlo, que todos conocemos en nosotros mismos, que siempre está
allí para estimularte a salir y a sacar lo mejor de uno. Esa naturaleza
interior debería ser la que moldee nuestra realidad exterior.

La Pascua es una fiesta totalmente terrestre que
depende de acontecimientos cósmicos. Se celebra el primer domingo después de la
luna llena de Aries que ocurre después del equinoccio de otoño/primavera
(hemisferios sur y norte) y que marca en ingreso del sol en Aries. De allí que no
tenga una fecha fija.

Siempre se celebra un domingo, día de la semana
regido por el Sol. Y también tiene en cuenta la luna llena, lo que marca la
complementariedad del masculino y femenino. Y lo que recuerda la importancia de
la luna que rige la mareas, los ciclos en la mujer y los nacimientos.

Esto nos da la posibilidad de, más allá de seguir
los preceptos y calendarios religiosos, volver a conectarnos (re-ligare) con el
“Padre” / “Madre” Naturaleza que nos lleva hacia dentro,
hacia la interiorización, observación y atención.

Tenemos la oportunidad de observar el contenido y
dar significado a las celebraciones que marcan nuestra agenda. Que encontremos
ese significado en nosotros mismos, que celebremos con alegría, que nos
reconectemos con nuestros Dios interior como sea que cada uno lo sienta y pueda
venerarlo. Y que ello sólo nos lleve a mayor tolerancia, comprensión y
compasión hacia los otros.

En este momento tenemos otra oportunidad de
liberarnos de nuestro mayor enemigo: el ego.

Les comparto y traduzco un texto de Carlos Cardoso Aveline, brasileño

Felices Pascuas como proceso renovador de la vida

La resurrección que la Pascua cristiana conmemora, está al alcance de todos, todo el tiempo. El antiguo
cristianismo viejo e triste en su dogma de la cruz y la intolerancia, dará
lugar durante el S XXI a una nueva espiritualidad inter-religiosa, filosófica,
optimista y enfocada al futuro.
La tradición cristiana debe pasar ella misma, así como otras religiones, por una
muerte y un renacimiento.

La disciplina espiritual es dura e inevitable para quien quiere transitar
el camino místico. Pero este camino no está hecho de tristeza y dogmatismo sino
de libertad interior, responsabilidad personal e alegría. La propia base de la
religión cristiana es pagana, panteísta y ecológica. Las principales fechas del
calendario cristiano se apoyan en celebraciones no cristianas que siguen al Sol
y a los ciclos de la naturaleza.

La Pascua tiene su momento en el equinoccio Otoño/Primavera, época del
año  en que la noche y el día tienen la
misma duración. A partir de ella la luz comienza a hacerse más presente en el
hemisferio norte (la luz diurna comienzan a “estirarse”) y al
contrario ocurre en el hemisferio sur con atardeceres más temprano.

De allí que la Pascua sea vista tradicionalmente como el inicio de un nuevo
ciclo que abre espacio para el resurgimiento de la vida en todas las
dimensiones de la naturaleza.

En el hemisferio Sur, el momento anuncia dirección hacia el invierno. En
este caso no es un fenómeno externo y expansivo sino interior y espiritual.
Podría implicar un renacimiento interno y esencial. La sabiduría consiste en
conocer y reconocer nuestro lugar en cada ciclo vital y poner en marcha las
acciones necesarias para cada momento. Es tiempo de purificación interior. Es
cuando la vida comienza a retirarse del plano físico para florecer en el plano
espiritual interior.

El cuerpo humano es un templo que debe ser respetado porque en él mora un espíritu divino y un alma inmortal, así
lo conciben todas las tradiciones sagradas ancestrales.  Ese cuerpo puede
ser destruido porque la muerte es necesaria para el resurgimiento de la forma
en lo que es el ciclo de la vida.
La filosofía esotérica concuerda con Pitágoras y enseña que la
reencarnación es un hecho y una ley.

Los huevos de Pascua con “herencia” de los festivales paganos de
la primavera del hemisferio norte. Simbolizan el renacimiento de la vida en
todas sus manifestaciones. La presencia del conejo en esta “celebración
del renacimiento” pertenece a la cultura egipcia. La liebre era símbolo de
fertilidad y representaba la periodicidad de los ciclos naturales de la vida.
La tradición afirmaba que el conejo acostumbraba esconder los huevos de Pascua
para que los niños los buscasen.

Y aquí aparecen los niños ligados a la Pascua, ellos son símbolo
indiscutible del reinicio de la vida. Todos tenemos nuestro niño interior en el
que hay algo que siempre está renaciendo, o por lo menos tenemos la posibilidad
como derecho innato a ello. Cuando somos conscientes de ello, podemos vivir la
“primavera permanente” que se oculta en cada una de las cuatro
estaciones e inclusive vivir con más eficiencia y alegría el ciclo mayor de las
cuatro edades de una vida completa: otoño, la madurez; invierno, la vejez;
primavera, la infancia; verano, la juventud. Las cuatro “estaciones”
de la vida igual de importantes.

En estas cuatro estaciones pueden vivirse en un mismo día simultáneamente ya
que son estados de consciencia que nos vienen constantemente sólo que, la
mayoría de las veces, no nos damos cuenta que nos llegan y que nos están
atravesando.

Combinando generosidad y la capacidad de aprender, de la primavera, con la
fuerza y el coraje del verano, que simboliza la juventud. La madurez del otoño
y la sabiduría y la humilde renuncia que son típicas del invierno podremos
vivir una Pascua de resurrección plena y honrar los ciclos de la vida.