Tenemos cuerpo, pensamos, sentimos… ¿Qué hay más allá de estas experiencias sensoriales, cognitivas y emocionales que la mayoría de nosotros estaría de acuerdo en que “existen”?

Tradiciones milenarias orientales, las mayores religiones conocidas y culturas originarias de distintas partes del mundo en distintos momentos de la historia del hombre, hablan de un alma, un espíritu, una consciencia que todo lo permea y anima.

¿Qué es ese espíritu que dicen que habita en cada uno de nosotros, en todo ser vivo y sintiente y que está presente en todo el universo? ¿Qué es la espiritualidad hoy en día? ¿Qué es la espiritualidad para cada uno?

Más allá de encontrar la respuesta, el camino de indagación y reflexión tiene tesoros escondidos para descubrir a cada paso.

Como yo vivo el ámbito de lo transpersonal es, cada vez más, sintiéndolo más encarnado y manifestándose. El gran desafío se plantea en el día a día honrando el lugar que tenemos y aceptando o transformando las experiencias que nos toque transitar.

Y no se trata de abandonar ninguna situación particular ni quemar ninguna nave ni retirarnos a las montañas y permanecer aislados y desconectados de los otros.

En la vida moderna y siendo la mayoría de nosotros “Homo-Urbanus” (habitantes de ciudades), quienes damos pasos evolutivos de conciencia somos aquellos que en lo cotidiano intentamos llevar una vida cada día en más presencia de lo que decimos, pensamos y hacemos.

Esa atención en el presente nos permite conocernos, escucharnos, descubrirnos a nosotros mismos y a los otros. Y es esa misma presencia que permite que la vida gane en intensidad, en fuerza y significado.

Respeto todos los conocimientos y prácticas antiguas y contemporáneas de auto-conocimiento y realización y sostengo que en lugar de separar los espacios de prácticas espirituales o conocimiento personal de nuestras rutinas, debemos hacer un esfuerzo de conciencia para llevar las enseñanzas sagradas a la vida cotidiana y recordarlas en nuestra relaciones con hijos, parejas, familia, amigos, socios e inclusive en nuestros emprendimientos laborales.

corazon

En mis clases, sesiones individuales, encuentros,cursos, talleres y retiros enfatizo sobre el punto de que el yoga, el tantra, la meditación, el canto y la palabra nos dan herramientas que pueden y deberían ser aplicadas ante las diferentes situaciones de estrés. En lugar de permitir que esos eventos nos arrastren o nos afecten de manera negativa, podemos intentar transformar ese obstáculo en posibilidad o, eventualmente, en un nuevo talento.

Mi punto de partida siempre es el cuerpo. Ese territorio de pura inocencia y sabiduría que sólo habita en el presente. Desde esa base terrena y sagrada, todo mi trabajo propone integrarnos en todo lo que somos, en todo lo que se expresa a través de nosotros sin juicio de valor, en aceptación de cada devenir, de toda experiencia.

Cada Asana (postura del yoga), ejercicio de respiración, meditación, sesiones de canto, música y terapéuticas los ofrezco como medios para que cada uno pueda encontrar en sí mismo todo lo necesario para integrarse, alcanzar su pleno potencial y mejorar su calidad de vida.