En época de crisis de todo modelo y de toda estructura, las parejas no son la excepción. Te dejo con este artículo de este psicólogo que da luces y esperanza en lo que hace a este vínculo primordial. Y como en toda crisis, tenemos una gran oportunidad de construcción de algo nuevo, actualizado a quienes somos y volviendo a poner el foco en el amor y el cuidado de las relaciones humanas.

Las parejas, sin modelos posibles

¿Se puede hablar de salud en el amor o de formas singulares de felicidad inestable? Quizás se trate de entender que en estos vínculos nada se regala, salvo el milagro del encuentro, y que el amor no es un paraíso que se sostiene por sí mismo.

Miguel Alejo Spivacow
PSIQUIATRA Y PSICOANALISTA, AUTOR DE “LA PAREJA EN CONFLICTO” (PAIDOS)

En un momento en el que se desmoronan muchas de las instituciones que organizaban a nuestra civilización, una pregunta candente es si la pareja heterosexual que predominó hasta hoy es la forma natural en que se realiza la sexualidad humana o, por el contrario, constituye apenas un producto de época. La cuestión urge en lo social, en lo personal y en lo jurídico. La caída de los parámetros que hasta ayer ordenaban a la sociedad reaviva otros interrogantes. Nos preguntamos si cabe o no catalogar a algunas formas de amor como “enfermas” y a otras como “sanas”. Si esta polaridad fuera válida, el “amor sano” sería un legítimo objetivo en la vida pero … ¿cabe hablar de salud en el amor o, por el contrario, una felicidad inestable, singular y a medida es la única aspiración posible? Mientras Freud creyó en alguna forma de pareja “modelo” (la fase genital adulta), Lacan derriba las aspiraciones al respecto y afirma la imposibilidad de armonía duradera en las lides de la relación de pareja. Stoller, más cáustico, propone: “Puede ser que nos acerquemos más a la verdad si en relación a la conducta erótica, asumimos que la mayoría de la gente es anormal” y agrega: “los heterosexuales y los homosexuales están muy cerca de un empate: 100% de anormales”. ¿Cómo entender entonces a las parejas de hoy -con convivencia, sin convivencia, estables, transitorias, homosexuales, heterosexuales-, diversas en todos los sentidos? ¿Puede el psicoanálisis aportar algún esclarecimiento en este terreno? La pareja no es asunto fácil. Una antigua receta para sus conflictos indicaba amor, tolerancia y comprensión pero en nuestros días importan además otras cosas. Tampoco las relaciones light son la solución ya que el ser humano insiste en una necesidad de intimidad y calor de hogar que se vehiculiza en la pareja. Por esto es que hombres y mujeres no dejan de enamorarse y seguirán haciéndolo, “engualichándose” -como le protestaba don Inodoro a la Eulogia-, porque la pareja no constituye solo un formato de época sino que responde también a la necesidad de los adultos de reencontrarse con los placeres de la vida emocional infantil. Así pues, los enamorados encuentran en la novedad del flechazo las huellas ocultas de sus amores más profundos, la mítica felicidad que nunca existió pero a la que siempre queremos retornar. El amor de pareja se apoya en mucho en las modalidades del amor infantil, pero debe también luchar contra ellas. Si lo infantil alimenta la vitalidad del amor, también alimenta la posesividad tiránica, la violencia, el abuso. No por nada se ha comparado al enamoramiento con la locura y Whitaker decía que “el matrimonio es un estado alterado de la conciencia”. Por esta misma dualidad, entre el paraíso y el espanto, es que los conflictos de pareja no son simples y el amor, para sobrevivir como tal, debe incluir un trabajo psíquico, con lo arduo que ello implica. En efecto, más allá del enamoramiento o de los mandatos religiosos o sociales, las posibilidades de una pareja de resolver sus conflictos pasan por caminos en que las buenas intenciones son necesarias pero no suficientes. A la atracción de base, cuando se apacigua el enamoramiento y vienen los problemas que nunca faltan, hay que agregar la construcción de nuevos modos de relacionarse entre sí, en los cuales la pretensión no sea cambiar al partenaire, sino más bien conocerlo y aceptarlo. Y ni qué hablar conocernos a nosotros mismos en ese vínculo particular, saber por qué nos pega donde nos pega lo que el otro “nos” hace. En las relaciones de pareja nada se regala, excepto el milagro del encuentro y lo primero a saber es que el amor nunca es un paraíso que se sostiene por derecho propio. Podemos ahora volver a la pregunta sobre las parejas de hoy y se hace claro que los parámetros para evaluar su realidad no pasan por el sexo, los hijos, la convivencia ni ningún otro hecho material sino por la cualidad del intercambio subjetivo que se da en el encuentro. Cada pareja es un suceder complejo y singular en el cual no rigen verdades absolutas ni mucho menos un modelo ideal o sano. Es en esta perspectiva donde el psicoanálisis hace su aporte, tanto con los conocimientos que ha aquilatado sobre la condición humana desde Freud en adelante como con lo que en las últimas décadas han aportado los tratamientos de pareja psicoanalíticamente orientados. No se trata de imponer conductas ni soluciones desde afuera: la pareja bien entendida es siempre un acto de libertad. La ayuda posible pasa por saber quiénes somos en el vínculo y cómo a veces estimulamos aquello de lo cual nos quejamos. Pasa por el conocimiento de nuestros funcionamientos inconscientes de modo de habilitar así los cambios posibles o poder acoger mejor los rasgos imposibles de modificar o, en fin, asumir una separación. Se trata de desarrollar la capacidad de amar – como proponía Freud – sin apelar a mistificaciones ni imposiciones, apoyándonos en el estudio de la naturaleza humana y sus complejidades.