Hola queridas y queridos!

Entrado el otoño, la naturaleza retrayéndose, la cuarentena extendiéndose para muchos y los desafíos, algunos perdurando, otros desapareciendo, otros mutando.

Toda circunstancia parecería estar llevándonos todavía más hacia adentro en el inicio de un Mayo 2020 imposible, inconcebible hace 3 meses, tan sólo y allá lejos y hace tiempo.

Tan potente y tan vulnerable, tan global y tan minúscula, tan distinta y tan idéntica, la realidad más que nunca parece simplificar sus ventanas para desnudarse y desnudarnos. Se acabaron las distracciones. No más máscaras ni maquilaje. Se diluyó lo accesorio. Así estoy sintiendo este evento global que por momentos vivo como un sueño y cuya descomunal dimensión, tengo la sensación de no estar asiendo del todo en mi comprensión. Pero la siento.

Sé de varios puntos sin retorno que estoy felizmente reconociendo en esta reclusión. Algunos no tan feliz y en tono de duelo. Y percibo lo mío particular como algo resonante a nivel global. Por primera vez alevosamente y sin desvíos, el “yo soy” encontró el atajo más corto a su igual y semejante “nosotros somos”.

Así este mojón en la historia de la humanidad: rico, intenso, doloroso y aliviador, vital y sentencioso, simple y complicado, verdadero.

Así de posible. Así de cercano, este mensaje que no pretende vender ni anunciar nada. La parte de mí, que tiene que ver con vos, está en esta y en esto. Y me anino a abrirlo a lo público, no por la importancia de mi “yo” sino por el cuidado y cultivo del “nosotr@s”. Muchas cosas que sabías de mí o que compartíamos, probablemente no vuelvan o cambien su forma y contenidos. Y quizá haya nuevas. Algunas ya están habiendo.

No sé un montón de cosas. Y nunca viví el no saber con tanto gusto y permiso. Sí sé que soy y me siento plena cuando me ofrezco a los demás. Eso está y estará. Me preocupan los que no estén viviendo esta incertidumbre con calma y confianza. Ayudo y asisto en lo que puedo. Y pocas veces siento que es suficiente.

No creo en maldiciones ni castigos divinos. Creo en la ley de causa y efecto: toda acción tiene efecto y respuesta, aunque no sea inmediata. Creo en la vida como un laboratorio en el que perfeccionar la fórmula única de quién cada uno es y como un atelier en el que esculpirnos como la más exquisita obra de arte. Creo que “eso”, que nos está tocando, es exactamente lo que necesitábamos, en lo individual y colectivo como humanidad, aunque desanime, duela y aunque creamos que es injusto o exagerado. También creo que la dimensión de los desafíos es siempre igual o menor a los recursos que cada uno tenemos para afrontarlos y superarlos. Y no dudo que “eso otro” que nazca y que se abra para cada uno disfrutarse y compartirse a los demás, será algo muy bello, muy bueno y muy verdadero tamizado por un tiempo de pausa y este golpe de gracia.

Una pequeña relexión en tono confesional y espíritu optimista.

Que estés muy bien.

Laura